El artesano como formador

board-953161_1920Son muchos los profesionales de la artesanía que dan clases particulares en sus talleres o colaboran con ayuntamientos ofertando actividades para grupos reducidos en instalaciones municipales. Sobre todo ahora en verano, donde los campamentos y los cursos estivales afloran como setas para ayudarnos a compaginar la vida laboral y familiar.

Esta nueva salida profesional que se ha extendido vertiginosamente en los últimos tiempos está permitiendo ampliar las competencias profesionales de muchos artesanos, sobre todo en los más jóvenes, que finalizan sus estudios en escuelas de arte o centros de enseñanza de oficios, encontrando aquí una nueva vía para incorporarse al mercado de trabajo.

No obstante, cabe preguntarse si el conocimiento y  las destrezas en el oficio adquiridas previamente son suficientes para tener éxito como formadores. El profesional de la artesanía que se adentre en el mundo de la enseñanza, aun siendo de forma temporal, debe adaptarse a un nuevo contexto profesional donde confluyen otro tipo de factores que rebasan su competencia técnica y su dominio del oficio. Con la docencia entran en juego otras competencias, de tipo pedagógico y social, fundamentales para que su alumnado adquiera los conocimientos, destrezas y aptitudes básicas que pretende transmitirles. Para impartir clases en el taller, o en el aula, por tanto, el artesano no solo debe tener las competencias profesionales y técnicas, sino que debe conocer también una serie de competencias docentes que le faciliten dicha tarea de enseñar.

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Respecto a las competencias técnicas, el artesano formador debe actualizar continuamente sus conocimientos a través de la búsqueda de información y recibiendo permanentemente formación continua que lo retroalimente en su profesión y le permita conocer lo último, sobre todo, si hace tiempo que no se forma o recualifica, incorporando a su docencia aquello novedoso que considere de interés para su alumnado.

En lo referente a competencias didácticas, se requiere que el artesano formador sea capaz de interactuar de forma adecuada con personas y grupos, con iniciativa; con capacidad de motivar y transmitir, identificando los problemas de aprendizaje que surjan y plantee soluciones a los mismos. La elección de la metodología de trabajo debe ser siempre la más adecuada en el aula/taller para obtener resultados formativos.

Y por último, en cuanto a competencias sociales, el artesano debe ser capaz de incorporar en el desarrollo de su profesión aspectos como el trabajo en equipo, la cooperación, la flexibilidad, la medición de las realizaciones profesionales, etc., en definitiva, capacidades que permiten un aprendizaje efectivo y que contribuyen, a su vez, a un nuevo modelo de trabajo.

A modo de conclusión… recuerda que no por ser un buen artesano se es un buen docente, si  vas a impartir clase, prepárate en habilidades docentes y tendrás éxito garantizado.

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